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lunes, 8 de agosto de 2011

Quedate Conmigo - Capítulo 4

Capítulos anteriores: 1, 2, 3.

Acelera cada vez más, haciendo todo lo posible por perderse en cualquier lugar. No le importa nada, sólo quiere desaparecer. Adelanta coches más lentos que ella, se salta algún que otro semáforo en rojo. Apenas consigue ver mucho más allá de la oscuridad de la noche y las líneas blancas de la carretera. Las lágrimas le empañan los ojos y no le dejan ver con claridad. Cansada de ir sin rumbo, Adara se baja de la moto y la lanza con furia sobre el asfalto. No le importa nada, ni la moto, ni el toque de queda que le habían puesto sus padres y que está rompiendo, ni el móvil que, harta de las llamadas de su amiga, tiró unos metros más atrás.Mira a su alrededor y no reconoce el lugar en el que se encuentra. Parece un parque, con árboles, bancos y toboganes. Pero eso a ella le da igual. No le importa el lugar donde se encuentra, solo quiere olvidar. Camina por el césped. Cualquiera que la viera en este momento pensaría que es un alma en pena vagando en busca de la forma para pasar a mejor vida. Camina durante mucho tiempo, sin saber hacia dónde, pero sin poder parar. Al final, ya con los pies doloridos por los tacones, se sienta en el suelo. Se apoya contra la fuente que tiene detrás de ella. Una fuente de piedra, con dos delfines jugando con una pelota, en la parte de arriba. Delfines que son testigos de su tristeza y sus lágrimas.Adara se coge la piernas y agacha la cabeza. No puede parar de llorar. Se sientre destrozada, rota por dentro. Los ojos, irritados y enrojecidos, no pueden parar de llenar la delicada piel de Adara con cristalinas y doloridas lágrimas. Siente que se va muriendo poco a poco, que un trozo de ella misma se ha desvanecido, ha desaparecido, como por arte de magia. El dolor es casi insufrible. Los recuerdos son aún peores. Como si le hubieran dañado algún tejido de la piel con un afilado cuchillo. Como si de repente se hubiera lanzado al vacío desde lo alto.Como si algo, o alguien, le estuviera aplastando el corazón. Alguien. La cara de esa chica, aquella desconocida a la que encontró en la cama con su novio. Su novio, Danel. Tal vez sea él quien intenta arrancarle el corazón. Su Danel. No puede impedir que las lágrimas caigan con más fuerza sobre sus mejillas al recordarle. Se siente traicionada. La persona a la que más quería, a la que más quiere, le ha engañado. Es un imbécil, pero es su imbécil, y sabe que, aún, a pesar de lo que ha pasado, sería capaz de dar la vida por él. Sigue sin poder creerlo. Quiere que le pellizquen y despertar, despertar de esta pesadilla. Por un instante revive ese momento.Adara subía las escaleras, pensando en el extraño comportamiento de su hermano segundos atrás, al pie de las escaleras. Prefirió olvidarlo por un tiempo, ya le preguntaría después, al llegar a casa. Intentó entar en la habitación, pero algo se lo impedía. Después de varios intentos consiguió abrir la puerta y descubrió que una silla la estaba bloqueando. Alguien debía haberla puesto. Adara no le dió más importancia y cogió su bolso, buscando dentro el pintalabios para su amiga. Lo encontró en el fondo, y cuando iba a marcharse oyó ruidos dentro del baño. Demasiada curiosidad para no mirar quienes estaban ahí. Seguramente serían los mismos que habían bloqueado la puerta con la silla. Si alguien los descubría serían el nuevo cotilleo, no pararían de hablar de ellos en mucho tiempo. Adara no podía desperdiciar esa oportunidad. Tenía que ser ella quien lanzara la bomba. Se dirigió a la puerta del baño y escuchó un momento. Ahí estaban. Abrió la puerta, como por casualidad, queriendo sorprenderles. Pero la sorpresa se la llevó ella. Ahí, escondidos en el baño, medio desnudos, estaban Danel y una chica morena. Adara, sin poder decir nada, co


martes, 5 de julio de 2011

Quédate conmigo - Capítulo 3

Capítulos anteriores: Capítulo 1. Capítulo 2.

El viernes pasó a una velocidad rápida. Por la mañana, perdieron la noción del tiempo entre risas y bromas. Lucas tuvo que acercarlas al instituto en su Seat Ibiza rojo. Las clases transcurrieron lentamente, como siempre. Envueltas por el aburrimiento, el sueño y las ganas de salir corriendo de allí, Paola y Adara, como todos los demás, esperaban impacientes el sonido del timbre.
La tarde pasó volando. Lucas las retó a un juego de la Wii, poniéndoles una condición: quien perdiera, prepararía la cena. Él contra ellas dos. Adara aceptó con energía y egocentrismo; Paola, con timidez y, sobre todo, con nerviosismo.
Tras varias horas jugando y ejercitando las posturas más correctas para ganar, acabó la partida. Las chicas ganaron. Lucas se dirigió a la cocina y empezó a preparar una pizza casera. Adara le hacía fotos riendo. Paola lo observaba con ojos tiernos, riendose también. Él decidió no enfadarse, aunque se tapaba la cara en todas, algo molesto. La pizza estaba buenísima, desearon repetir varias veces.
También se pasaron la noche en vela probándose peinados y formas distintas de maquillarse. Debían estar perfectas para la fiesta de Danel, o por lo menos Adara debía estarlo.
El sábado pasó más rápido de lo que esperaban. Desayunaron, comieron, bromearon.
Caída ya la tarde, Adara y Paola se arreglan para la fiesta, cuidando cada detalle.
Adara, con su estrecho y delicado vestido negro, camina nerviosa por su habitación. Lleva los tacones en la mano, se sienta en la cama y se los coloca con prisa. A cada segundo se siente obligada a mirarse en el espejo. Los ojos ligeramente pintados de negro, hacen resaltar sus preciosas pupilas verdes; sus labios, de un tono más alegre y claro. Cada uno de sus rizos, mucho más definidos de lo habitual, se deslizan divertidamente por sus hombros, sujetados por una pequeña cinta negra decorada con un lazo en el costado. Mira una y otra vez la hora, histérica.

-¡¿Paola, quieres salir de una vez del baño?! ¡nos van a dar las uvas!
-Todavía faltan dos horas para la fiesta, ¡no te estreses!
-¡Ya, pero sabes que quiero llegar antes!

Adara oye las risas de su amiga, y siente que su impaciencia está llegando al límite. Decide esperarla cinco minutos, sentada en la cama.
Se levanta, se vuelve a sentar. Mira la hora, camina de un lado para otro, vuelve a sentarse. Mueve la pierna, se acerca de nuevo al baño. De repente, oye el sonido del agua cayendo. Su desesperación la lleva al punto de coger su bolso y dirigirse a la salida de la habitación.

-¡No me puedo creer que te duches ahora! -grita enfadada Adara.
-¡Pero Adara, sabes que no tardaré nada!
-¡Me da lo mismo, me voy!
-¿Como que te vas?

Paola oye un portazo. Apaga el grifo y sale de la ducha. Se envuelve en la suave toalla azul y se asoma para ver si verdaderamente la ha dejado ahí sola. Abre la puerta del baño, busca con la mirada a Adara. Nada, no ve a nadie. Está completamente sola. Paola no se lo puede creer, aún faltan dos horas y se ha ido sin ella. Algo molesta, se dirige al baño de nuevo, pero ve que la puerta se abre poco a poco. Con una sonrisa, espera a que Adara entre.

-¿Qué son esos gritos, todo bien?- Lucas entra y la mira sorprendido- ¡Perdón!- se da la vuelta avergonzado.
Paola, más avergonzada aún y roja como un tomate, estira de las sábanas improvisadamente de la cama ya hecha y se cubre con ellas.

-Eh...tu hermana se ha ido.
-¿A dónde?
-A casa de Danel, o eso creo...- Paola habla con un tono nervioso, incontrolable.
-¿No ibais a ir juntas?
-Parece que ya no...
-Si quieres, puedes venir conmigo.
-No te preocupes, cogeré mi moto- contesta Paola, esperanzada de que Lucas insista.
-¿Pero tú sabes dónde vive Danel?
-No...por eso tenía pensado ir con tu hermana...

Lucas sonríe para sus adentros, aún de espaldas.

-Cuando acabe de arreglarme, te vienes conmigo, ¿vale?
-Bueno, bien...- contesta ella, feliz- aunque tendré que acabar de ducharme...y arreglarme,y peinarme, y...
-Cuando acabemos los dos...¿de acuerdo?
-¡Sí, señor!-imita a un soldado levantando la mano y colocandosela en la frente, lo que hace que la sábana se le caiga y se quede protegida solamente con la corta toalla azul. En un instante, desaparece corriendo, metiendose de nuevo en el cuarto de baño, mucho más nerviosa y avergonzada que antes.
 
 
Paola se dirige a las escaleras, vestida con unos shorts vaqueros muy cortos y una camisa de tirantes azul turquesa, decorado con pequeñas lentejuelas y un escote pronunciado. El sonido de los tacones azules envuelve el pasillo. Los labios, apenas pintados con un toque de gloss, y los ojos, decorados con un poco de rimel y eye-liner negro, le buscan a él. Su pelo oscuro, liso y suelto baila al son de cada paso que ella da.
Se acerca a las escaleras y allí, abajo, en la puerta, la espera él. Con su sonrisa perfecta, la mirada verde que la observa, la camisa blanca no demasiado ajustada, al contrario de sus vaqueros. Unas nike blancas le protegen los pies, y una corbata estrecha y mal atada cuelga de su cuello.
Baja los escalones sin apartar la mirada de él, ensimismada y sin mirar nada más. En un instante, deja de verlo. Sus finos tacones la hacen caer escaleras abajo. Lucas corre y la alcanza, rodeandola con los brazos.

-¡¿Paola, estás bien?!- repite, una y otra vez, preocupado.
-Sí...creo..., me duele un poco el pie - cada una de las palabras salen torpemente de su boca.
-No me extraña, ¡menuda ostia te has dado! -dice él, riéndose, mientras le aparta con dulzura el pelo de la cara.

Ella ríe también, aunque un poco nerviosa. La cara de él está demasiado cerca de la suya. Huele su aroma, oye su respiración agitada por la risa. Lucas sonríe. De cerca, la sonrisa es más perfecta de lo normal, y sus ojos verdes esmeralda más intensos. Sus miradas se entrelazan. Ella siente que no puede apartar sus ojos de los suyos. De repente, un sonido estridente los devuelve a la realidad.

-Perdona...es mi móvil- Lucas busca en sus bolsillos, y da con lo que busca.

Se aleja un poco para contestar y Paola lo observa irritada. ¿Otra vez la de siempre?, piensa, ¡estúpida novia!

-Sí, sí, ¡ya voy! no tardo nada.

¿Ya voy? ¿No me incluye?, Paola se siente cada vez más molesta.

-¡Que sí!- Lucas sigue hablando- ¿Ves? Sin mí no puedes vivir...
-¡Claro, estoy pensando dejar a Adara para casarme contigo! -contesta Danel al otro lado de la línea, riendo.
-Y yo aceptaría casarme contigo...

Paola abre exageradamente los ojos, al igual que la boca. Cada vez está más perpleja. ¿Está dispuesto a casarse con esa? ¿Ahora? Es muy joven, y guapo...¡no me lo puedo creer!
Lucas cuelga con una sonrisa en la boca y sacudiendo la cabeza. Se acerca a Paola y abre la puerta, invitándola a salir. Paola no quiere ni mirarle, está molesta, disgustada. Pasa velozmente y se acerca al coche, cruzando los brazos.
Lucas la observa desde la puerta. Observa sus movimientos fugaces, parece enfadada. Arquea las cejas, no entiende qué le ha podido pasar para que cambie tan repentinamente de humor. ¿Habrá sido la caída?-piensa-¿o quizá esté molesta por lo mucho que me he acercado a ella?
Abre el coche. Paola entra y cierra dando un portazo. Él la mira irritado, pero cree que es mejor no decir nada. Entra y cierra la puerta. Arranca el coche. Dentro, una canción rompe el incómodo y tenso silencio que hay entre los dos. <<For so many nights now I find muyself thinking about her now>>. Paola escucha atentamente, memoriza cada una de las palabras de la canción, aunque se la sepa de memoria. Desde hace tiempo, siente que es la canción que la describe. Que describe todo lo que siente. <<'Cause obviously, She's out of my league, but how can I win, she keeps draggin' me in and I know I never will be good enough for her>>.  
 
 
Suena el timbre. Adara se percata y se acerca veloz a la puerta. Abre y los observa.

-¡Llegais tarde! ya está aquí la mayoría de la gente...¿ves como no quería esperarte?
-Que sí, que sí, lo siento...había mucho tráfico- responde Lucas.
-No, fue culpa mía- Paola entra en la casa con cierto enfado y se pierde entre la multitud.
-¿Qué le has hecho? - Pregunta molesta Adara, mirando a su hermano.
-¡¿Yo?! ¡Igual es porque la dejaste tirada!
-¡No la dejé tirada, es que se estaba duchando! Y no puedo llegar tarde al cumpleaños de mi novio.

Lucas decide no contestar y adentrarse en la casa. Algunos lo saludan, otros lo miran con curiosidad; otras, con deseo y sonrisas pícaras.
Adara lo sigue a paso ligero, sensual. Sonríe, está realmente satisfecha. Danel y ella han empleado casi toda la tarde en decorar la gran casa de arriba a abajo. Observa a la gente que comenta la preciosa decoración, el buen repertorio de música que los envuelve, la gran mesa blanca repleta de comida y bebida que hay enmedio del salón. Hay gente aquí y allá. Bailando, charlando, riendo, cantando. También fuera, alrededor de la piscina, en las tumbonas, incluso algunos bañándose, a pesar de que la noche ya empiece a refrescar.
Hace ya un rato que desapareció. Impaciente, lo busca con la mirada por cada uno de los rincones de la casa, pero no lo encuentra.
Decide buscarlo en el jardín. Atraviesa la gran puerta de cristal y mira de un lado a otro. Sigue sin verlo. Paola está sentada en el borde de la piscina, con la mirada perdida. Lentamente se acerca a ella.

-Paola, ¿has visto a Danel?
-No. - Su respuesta es breve, seca. Adara la mira extrañada.
-Es que no lo encuentro...

Paola no responde, ni siquiera la mira. Tiene la mirada fija en el suelo.

-¿Y a tí qué te pasa? ¿qué te ha hecho Lucas?
-Nada.
-¿Entonces he sido yo? Perdóname, de verdad. Pero pensé que tardarías y...
-No has sido tú ¿vale? estoy bien.
-Joder Paola...¡no me interrumpas cuando te estoy pidiendo disculpas!

Paola alza la vista, y la mira. Siente que le está estropeando una bonita noche, una noche importante para ella. Piensa que poniendo mala cara y contestando de mala manera, sólo conseguirá el enfado y el mal rato de su amiga, y decide cambiar de actitud, mostrándo una sonrisa.

-Estoy bien, de verdad, sólo que...¡me aburro y...necesito un cubata!

Adara ríe y se pone de pie, ayudando a su amiga a levantarse. Entran y se acercan a las bebidas. Llenan dos vasos hasta arriba con lo primero que encuentran y se acomodan en un gran sofá de cuero rojo.

- Mmm..¡está buenísimo! ¿qué es?
-No tengo ni idea...

Las dos rompen a reír, sin saber muy bien porqué. Una famosa canción suena en la sala y, como locas, se levantan para bailarla.

-¿Te gusta mi nuevo color de labios? - Pregunta Adara a su amiga, intentando levantar la voz por encima del sonido estridente de la música.

Paola asiente con la cabeza, le da otro sorbo a su cubata y mientras siguen bailando le hace un gesto con la mano para que se lo preste.

-Es de mi madre. Se lo he quitado- responde Adara, orgullosa de su hazaña- Está en el bolso, ahora te lo traigo.

Adara se dirige hacia las escaleras de caracol, situadas en una esquina, cerca de la puerta del jardín, para subir a la habitación de los padres de Danel donde está su bolso. Al pie de las escaleras encuentra a su hermano, que la agarra antes de pisar el primer escalón.

-¡Ada! ¿Dónde vas?¿Por qué no estás bailando con Paola? -pregunta Lucas, y en su tono de voz se entrevé cierto nerviosismo.
-¿Y tú? ¿Qué haces aquí solo?
-No tengo que darte explicaciones, soy tu hermano mayor, en todo caso me las tienes que dar tú a mí.
-Vale, sr. hermano mayor- responde Adara con sarcasmo- Voy al piso de arriba, a por el bolso. O bueno...iba, ya que un gilipollas me lo impide- mira las manos de su hermano, todavía agarrando sus brazos- me haces daño.
-¡No! Tú y yo nos vamos a bailar ahora mismo, ¿no oyes la canción?
-De momento, no estoy sorda y no, no pienso bailar contigo.
-Entonces...¡vamos a por un cubata! venga Ada... -Lucas la mira con un brillo en los ojos.
Adara señala su cubata, aún por la mitad, y se lo ofrece. Lucas enarca las cejas.
-Pero Ada, el tuyo es muy suave. ¡Sígueme! yo te enseñaré lo que es un buen cubata...
-¡Que me dejes! Tengo que subir a por el pintalabios...Me lo ha pedido Paola, creo que quiere llamar la atención de algún chico...Yo creo que se trata de Rubén, ese -se gira, señalándole- el de la piscina.

Lucas mira con cierta perplejidad al chico. De repente, se siente ligeramente celoso y su hermana se da cuenta.

-¿Pasa algo?
-¿Qué va a pasar, Ada?
-¡No me llames Ada, y déjame pasar! Paola se va a creer que me he ido de nuevo sin ella...

Lucas ya no sabe qué más hacer y suelta a su hermana, resignado. Así que sonríe mientras ella sube las escaleras, esperando algún milagro, y se dirige hacia donde está Paola, sabiendo en el lío en el que se ha metido. ¿Pero acaso tenía otra opción?
 
 
Adara baja las escaleras, bolso y abrigo en mano. Su amiga y su hermano la ven correr escaleras abajo, en busca de la puerta, roja, llena de rabia y con algunas lágrimas escapándose se sus ojos. Por las escaleras, detrás de ella, aparece Danel subiéndose los pantalones y sin camiseta, dejando ver el tatuaje de la estrella que tiene en el pecho y que se hizo por ella, por la chica rubia que ahora se escapa de su casa, ya que es el mismo que lleva el cantante de su grupo preferido.

-¡Adara, espera!- Danel se queda quieto en el centro del salón al ver que ella se da la vuelta en la entrada, antes de salir por la puerta, dispuesta a escuchar su explicación.

Danel, consciente de la escena que está montando y de que todos los invitados observan curiosos, se acerca a Adara, susurrando disculpas y escusas incomprensibles y sin sentido.

-Amor...yo...no sé que pasó...no...yo...Yo te quiero.

Adara, que hasta ese momento tenia la vista fija en el suelo, al oír aquellas últimas palabras, levanta la cabeza. Su mirada se clava en la de él con furia, con tensión, con odio. Danel se asusta, en el verde esmeralda de los ojos de su novia, en los que al principio de la noche sólo veia amor, ahora ve dolor y desprecio, están encendidos en rojo fuego. Sólo entonces se da cuenta de hasta dónde ha metido la pata.
Adara se acerca todavía más a él. Querría pegarle, darle un puñetazo, uno de esos golpes que su madre le enseñó después de aprender defensa personal y romperle la nariz. Pero cuando le mira a la cara, lo único que puede hacer es escupirle, y lo hace. Él cierra los ojos, asqueado, y sabe que es mejor no decir nada más. Adara siente verdadero asco por él, y sale de la casa dando un estridente portazo.
En el salón reina un absoluto silencio, nadie se atreve a hablar, ni siquiera a moverse.

-¡¿Qué coño miráis?!- Danel desgarra el ambiente con un fuerte grito que recorre cada lugar de la casa, molesto por ser el centro de atención- ¡Seguid con lo vuestro!
-¿Qué ha pasado?- le pregunta Paola a Lucas, una vez todo a vuelto a la normalidad.
-Pasa que tendría que haber parado esto antes. Ve a buscar a mi hermana porfavor, yo iré a hablar con Danel- Y antes de seguir a su amigo hasta la cocina, sonríe mostrando tranquilidad y le da un beso en la mejilla a Paola. Esta enrojece, sonriendo como hace mucho que no lo hacía, y se despide de Lucas con la mano dirigiéndose hacia la calle, donde estará su amiga.
Para sorpresa de Paola, la moto de Adara no está donde estaba cuando llegó.
Piensa que algo muy fuerte debe de haber pasado para que su amiga se marchara sin despedirse. Coge el móvil y marca su número. Tiene el móvil libre, pero nadie le coge. Prueba de nuevo. Nada, sigue sin contestar. Por un instante, teme lo peor.
Pero lo que ella no sabe es que Adara ya está lejos de ahí. Muy lejos.

miércoles, 22 de junio de 2011

Quédate conmigo - Capítulo 2

(Si quieres ver el primer capítulo, haz click aquí)

Aparcan sus respectivas motos en el gran parking del centro comercial. La vespa rosa de Adara resalta más que la Derbi Atlantis azul marino de Paola. Colocan los candados y se alejan de ellas, adentrándose en el centro.
Adara camina sensualmente, casi sin darse cuenta. Desliza delicadamente sus curvas de un lado hacia el otro, sonriente.
Paola camina con más normalidad, y la observa divertida. Deciden recorrer las tiendas femeninas antes de concentrarse en el regalo de Danel.
-¡Entremos ahí, o ahí!- ha repetido Adara, una y otra vez, durante casi toda la tarde.
Paola la seguía siempre. También a ella le apetecía probarse ropa, fuera dónde fuera.
Entraron en Mango, donde Adara escogió entusiasmada un corto y atrevido vestido negro; en Victoria's Secret, donde se enamoró de un conjunto de lencería fina blanco, ligeramente transparente. También han recorrido Springfield, Pull and Bear, de las que salieron con, almenos, una bolsa en la mano, y miles de tiendas más. Incluso han comprado en zapaterías. Paola eligió unas converse all star blancas, decoradas con diminutas mariposas rosas y moradas. Adara decidió comprarse algo más atrevido. Tras varios minutos mirando, encontró lo que buscaba. Unos tacones Xti de un tono beige realmente precioso. Con un tacón fino pero alto, y dos enredaderas que se ceñian a la forma del pequeño pie de Adara. Tras ver como le sentaban, los pagó y se los llevó encantada, sonriente.
Agotadas, decidieron sentarse en una cafetería.
-Cuando tu madre vea como has arrasado con tu paga...
-Me dará más- la interrumpe Adara, sonriendo.
Paola da un sorbo a su café con leche, aún ardiente, y prosigue.
-Nunca te cansas de gastar,¿eh?- ríe mirándola.
-Bueno...digamos que yo no quiero gastar, pero las cosas me llaman, cosas como esa, o esa, o esa- dice, señalando cada una de sus bolsas.
-Ya, bueno. Mírate a tí, con miles de bolsas, y a mí, con tres.
-Está bien, me encanta comprar...pero entiéndeme, todo me queda bien y tengo la necesidad de llevármelo.
Las dos se miran por un instante, y ríen. Ríen con motivo, o sin saber por qué. La risa de una contagia a la otra, y sonríen. Con un par de sorbos se terminan el café, piden la cuenta y se marchan.
-¿Crees que estará ya la esclava grabada?- pregunta impaciente Adara.
-No lo sé, pero vamos y así damos un paseo...¡anda qué, te va a costar un dineral!
-¿Te estás oyendo? Bah, no es tan cara.
-Si para tí una esclava de 80€ no es cara, entonces no, no me estoy oyendo.
-Paola...míralo así, una esclava con nuestra fecha grabada y nuestros nombres inscritos no es tan cara si lo comparas con el amor que siento hacia él...tenía la necesidad de...
-¡Y dale con las necesidades!- la interrumpe Paola riendo- Tú tienes un problema.
-Idiota- responde con aires bromistas- pero,¿sabes? tienes un poco de razón, aunque no pienso cambiar el regalo.
-¿Razón?¿yo? -abre los ojos exageradamente- ¿estás bien? - Adara hace ademán de pegarle pero ella la esquiva entre risas- ¿y se puede saber en qué?
-En que es un regalo muy lujoso, ya que él me regaló unos zapatos de tacón súper sencillos en mi último cumpleaños, y ni siquiera eran de marca...pero aún así, para demostrar que soy generosa, le hago este precioso regalo.
-¡Y caro!
-¡Y caro!- imita a Paola, y esta vez es ella la que intenta pegarle.
Pero una vez más vuelven a reír, dirigiéndose a la pequeña joyería de la planta alta del centro comercial.
Con la suerte de que la esclava permanezca ya grabada, Adara la paga y se la lleva, feliz. Feliz por tener el regalo perfecto para su chico.
Deciden no comprar nada más y bajan al parking. Se colocan de nuevo los cascos y se montan en sus respectivas motos. Pero antes de arrancar, Adara se queda mirando hacia la nada. Sin un punto fijo. Paola arranca pero antes de encaminarse hacia delante, se percata de la situación y vuelve a parar la moto.
-Oye cariño, ¿te encuentras bien?
Adara pega un ligero bote en la moto, asustada, volviendo poco a poco a la realidad.
-Pues claro que sí- dice, mostrando una forzada y amarga sonrisa.
-¿Enserio?- insiste Paola.
-Es Danel...desde hace algunos días está realmente...distante- le duele hasta pronunciar las palabras.
Paola baja de la moto y se acerca a ella, intentando calmarla, mostrándole una dulce sonrisa.
-En primer lugar, los tíos son así, raros de cojones- sonríe al ver como Adara rompe a reír- y en segundo lugar, ¿qué es lo que te preocupa, que ya no te quiera?
-Sí, es eso lo que me preocupa...o que quizá haya otra que le interese más que yo.
-¿Otra que le interese más que tú?, no lo creo... él te quiere, si no, no estaría contigo.
-Sí, tienes razón....
-Además, ¿te has fijado en la cara de alelado que tiene cuando estás con él?
-Sí...- responde, entre más risas- sí, tienes razón, toda la razón del mundo Paola- la abraza con fuerza- además, ¿quién iba a haber mejor que yo? absolutamente nadie.
-Pues claro que no cielo- finaliza con una sonrisa que muestra cariño, sinceridad.
Adara arranca con fuerza la moto y se pierde allá donde la luz acaba. Paola sube a su moto y arranca también.
Las dos se encaminan hacia la ciudad con el aire pegándoles en la cara, en los brazos, en las piernas. Sintiendo como el viento se apodera de sus sedosos cabellos y baila con ellos. Y circulan así, envueltas por la mágica noche que se apodera de ellas, rodeándolas dulcemente.
 
Sentadas sobre los sillones del cuarto de Adara, cotillean y desfilan contondeándose exageradamente. Se prueban cada una de las prendas que se han llevado a casa esa misma tarde. Dedicarán toda la noche que les espera a probarse ropa de aquí y de allá para decidir, de una vez por todas, lo que llevarán el sábado. A pesar de que falten dos días, Paola y Adara aguardan impacientes el momento de la fiesta de Danel. Tras varias súplicas, Paola consiguió con mucho esfuerzo convencer a su madre para que la dejara pasar la noche del jueves en casa de Adara. Envueltas por una música pegadiza que suena en el ordenador, las dos chicas bailan y siguen desfilando. Las risas invaden la habitación e incluso llegan a la planta baja, donde Lucas intenta descansar un poco.
-¿Qué te parece esto?- pregunta risueña Adara, dando vueltas para mostrar el corto vestido negro que lleva puesto, acompañado por unos tacones interminables.
-Está bien...aunque un poco...corto, más bien exagerado,¿no crees?
-¡Bah! es perfecto...
-Perfecto...para una puta- Paola la mira de arriba a abajo con una sonrisilla maliciosa.
-¡Envidia! es perfecto para mí, y lo peor es que lo sabes.
Paola ríe y le tira una almohada a la cabeza.
-¡Eh, agresión!- grita, tirándole la misma almohada.
-¡¿Pero qué dices?!- grita más fuerte aún, entre risas, devolviéndole la almohada.
Y siguen así. Riendo, bromeando, agrediéndose con almohadas, cojines, peluches. Poco a poco la puerta se abre y una silueta las interrumpe.
-Estoy intentando descansar...- dice Lucas, con voz ronca.
-¿Y a mi qué me dices? descansa, pero a nosotras interrumpas más- contesta enfurruñada Adara.
-Si yo descansaría, pero con vuestros gritos me resulta imposible.
-Adara, tiene razón, estamos gritando demasiado- dice de repente Paola, enrojeciendo y acercándose al ordenador para bajar el volumen musical.
-¡¿Pero se puede saber qué haces Paola?! -grita Adara, dirigiéndose al ordenador- ¡es nuestra noche de chicas!- y sube el volumen al máximo.
-Enserio Adara- intenta convencerla ella, bajando la música de nuevo- podemos escuchar con menos volumen y bajando un poco nuestro tono de voz... perdona Lucas, es que...
-¡Pero tía! ¿qué te pasa, es que ahora eres su defensora, su abogada o algo?
-Mira...haced lo que querais, pero dejádme dormir- y desaparece, cerrando la puerta a sus espaldas.
 
 
Entre sábanas, entre el delicado olor que desprenden, se encuentran ellas. Una mira el techo, inquieta, asustada, incluso un poco insegura. La otra permanece girada mirándola, con los ojos medio cerrados, víctima del sueño.
-Adara,¿no tienes sueño? te veo muy despierta- dice Paola, sin poder evitar bostezar.
-Buf... no quiero, pero no puedo dejar de darle vueltas al comportamiento de Danel...- responde débilmente, girándose para ver a su amiga.
-Pero si ya lo hemos hablado....
-Lo sé, créeme. Pero quizá sea por que aún...- a Adara le resulta imposible acabar la frase.
-¿Quizá sea qué?
Paola espera una contestación que tarda en llegar. Espera, sigue esperando. Un instante después, Adara prosigue, con un tímido tono que nunca antes había empleado.
-Él y yo no hemos hecho nada, jamás. Me resulta difícil decirlo, pero soy virgen.
-¡¿Virgen,tú?!
-Sí, virgen. Sé que es casi imposible entenderlo.
-Adara...- contesta Paola, con un volumen ligeramente más alto del que habían empleado hasta ahora- ¡¿tú sabes la cantidad de chicos que dicen por el instituto haber estado contigo en la cama?!
-Cientos, o miles. Sí, lo sé y me importa lo más mínimo. Es de entender, soy una de las más deseadas y se sientes importantes al mentir por ahí.
-Volviendo al tema de Danel...llevais casi un año juntos y te ha esperado todo este tiempo...¿alguna vez te ha sugerido hacerlo?
-Sí, una vez... le conté que era virgen y que sentía miedo. Se lo tomó realmente bien, y me dijo que cuando estuviera preparada, que lo haríamos- contesta Adara, con un brillo especial en los ojos.
-Entonces, no hay más que hablar. Seguramente su comportamiento sea producto de tu imaginación, yo lo veo tan bueno como siempre.
-Eso será... gracias Paola- finaliza Adara, con una sonrisa tierna.
Con los ojos cerrados, se apresuran a intentar dormirse. Mañana será un largo día de instituto, como todos los demás. Es increíble. Casi un año juntos, y ella le quiere como el primer día. Cada día que pasa siente más y más por él. Aunque le cueste creerlo, Danel ha conquistado su corazón como ningún otro ha conseguido jamás. Y de repente, sonríe, recuperando esa seguridad que creía haber perdido minutos atrás.
-Paola...- susurra dulcemente, manteniendo la sonrisa.
-¿Qué quieres ahora?- responde, molesta.
-Estoy segura- contesta lentamente, ruborizándose- mi primera vez será con él, en esa fiesta.

jueves, 2 de junio de 2011

Quedate Conmigo - Capítulo 1

I guess you are thinking of me now...Adara tararea la canción con alguna que otra dificultad mientras baila divertida frente al espejo.
No. El inglés no es su fuerte, pero ríe al inventarse cualquier letra que se le ponga por delante.
Se mueve delante del espejo, poniéndose y quitándose ropa, escogiendo lo más atrevido y guardando lo más sencillo.
Su habitación ya está otra vez desordenada, toda la ropa tirada por el suelo, los sofás y la cama. El tocador con todos sus cosméticos esparcidos por ahí y por allá. Echa un vistazo y ríe al imaginar la cara que pondrá su madre al verlo. Ya la ve diciéndole "Emilia te ordenó ayer la habitación, y otra vez la tienes hecha una leonera...¿Para qué quieres tanta ropa? si ya no te cabe en el armario...y blah blah blah". La misma charla de siempre. Pero ella sabe de sobra como calmar a su madre. Un beso en la mejilla, un te quiero y como mucho, un ''luego lo recojo'', y todo queda solucionado.
Suena el timbre. Paola ya está ahí abajo, esperándola para ir al centro comercial, y ella sigue con el uniforme puesto, sin haber decidido todavía qué ponerse. Corre hacia la puerta, bajándose la falda hasta los tobillos. Al pasar por el salón su hermano está jugando con la wii y la observa.

-¡Adara!, no vayas en bragas por la casa, que no estas sola.- Le dice su hermano Lucas con aire divertido.
-¿Dónde está Emilia?¿Por qué no abre la puerta?
-Hoy es su día libre...no es tu esclava, también tiene una vida.
-JA-JA-JA- Adara ríe sarcásticamente, y mientras le saca la lengua a su hermano, tira la falda encima del sofá.

Cuando abre la puerta, las dos amigas se saludan con dos besos y se dirigen al salón mientras Adara se excusa por no estar lista todavía. La misma excusa de siempre, la culpa nunca es suya, sino de sus padres, su hermano o el servicio. Pero la verdad es que siempre espera para ver que lleva puesto Paola. Sí, son amigas y la quiere mucho, pero no soporta que vaya mejor que ella. Siempre tiene que destacar.

-Mira, siéntate, te dejo con Lucas. Si quieres algo se lo pides a él. No tardo nada, dos segundos.

Aunque todos saben que esos dos segundos, probablemente, no seran menos de quince minutos.
Al ver que su amiga no se ha arreglado mucho, decide que tampoco hace falta ir de punta en blanco, así que coge una falda vaquera, una camiseta fina con imágenes de Audrey Hepburn, unas botas altas y su chaqueta marrón de piel. Se recoge su larga melena rubia ligeramente ondulada en una cola de caballo y no se maquilla mucho, apenas un poco de color y unos toques de sombras y rimel para resaltar sus grandes ojos verdes. Natural pero perfecta, espectacular, y lo sabe sin necesidad de mirarse al espejo. Lo único que falta es ordenar un poco, pero no tiene tiempo, y además no le apetece. Coge el bolso, la cartera, el móvil y las llaves y baja corriendo al salón.
 
Mientras tanto, en el piso de abajo.
Paola se sienta tímida en el sofá junto a Lucas. La misma escena que se repite todas las semanas y aun así no se acostumbra. Lucas, aparte de ser el hermano mayor de su amiga, es el chico por el que todas se mueren. Es perfecto, guapo y bien repartido. La cara alargada contiene unos ojos verdes, intensos y penetrantes. Alto, musculoso. El pelo rubio como el oro, esa sonrisa que cautiva...Perfecto y encima tres años mayor que ella. Paola se derrite con sólo mirarle e intenta desviar la mirada cuando éste se da cuenta.
Paola observa como Lucas juega con la wii, sus movimientos son perfectos, tan perfectos como él. Está de pie, se mueve hacia adelante y hacia atrás, según le conviene para ganar. Incluso pega algún que otro saltito, nervioso. Le resulta imposible apartar los ojos de él, de su cuerpo. Entonces Lucas se gira, consciente de que está siendo observado.

-Perdona, no te he dicho nada ¿Quieres tomar algo?
-No, estoy bien, gracias- Responde rápidamente y enrojeciendo, aunque sabe que eso es debido a lo que está pensando.Le gustaría poder haberle respondido "quiero tomarte a tí, guapo", algo que la hiciera parecer más mayor, madura e interesante. Seguro que Adara no hubiera tenido ese problema si fuera ella la que se encontrara delante del chico de sus sueños. Pero no le puede pedir consejo, se moriría de vergüenza si su amiga supiese que está loca por su hermano.
-¿Y jugar?¿Te apetece jugar?-Pregunta de repente Lucas con una sonrisa, haciendo que Paola pierda el hilo de sus pensamientos.
-Esto..¿Jugar?-Se nota cierto nerviosismo en la voz de la chica,¿acaso a pensado en voz alta y él le ha oído?
-Si, a la wii. No pasa nada si no sabes. Yo te enseño..-tras darse cuenta de que no responde,añade- ¡va, que ya sabes como es mi hermana, esto va para largo! -y le tiende la mano para ayudarla a levantarse del sofá.

Paola deja el bolso y se quita la chaqueta, preparada para mostrar lo mejor de si misma e impresionar al chico que está frente a ella, pero en el momento en el que van a empezar a jugar suena el móvil de él, que se disculpa y sale al jardín a hablar.
Paola mira como se ríe y gasta bromas. Aunque por medio haya un cristal y no oiga nada, está segura de que es una chica.Por un instante, se siente ridícula. Al levantarse del sofá a mantenido una esperanza de poder seducirle. Pero no. Es imposible que un chico así no tenga novia. Y se sienta de golpe otra vez en el sofá, viendo como escapa la oportunidad de su vida para pasar un rato con Lucas. Pero no le da tiempo a pensar mucho ya que en ese momento su amiga baja por las escaleras.

-Ya estoy lista.-Grita Adara desde arriba de las escaleras.
-¡Dios, es un milagro! Has tardado menos de diez minutos
Las dos amigas se ríen con el comentario y Adara le tira un cojín a Paola.
-No seas exagerada.
-Claro, como siempre soy yo la que tiene que esperar...
-Vale-Contesta Adara fingiendo estar molesta- la próxima vez quedamos en tu casa.
-Llegas tarde de todas formas- vuelven a reír al unísono.
Cogen los bolsos, se ponen las chaquetas y van hacia la puerta.
-¿A dónde vamos?- pregunta Paola, curiosa.
-Al centro comercial, el de las afueras. Quiero comprarle el regalo a Danel, ¡cumple años este sábado!
-¿Cuántos cumple, veinte?
-Sí, como mi hermano.
-Y se supone que tengo que ayudar a escoger el regalo,¿no?
-Algo así -sonríe Adara- espera, voy a despedirme de ese elemento- responde, señalando hacia el jardín.

Adara camina haciendo notar sus tacones. Haciéndose oír. Abre la puerta y asoma la cabeza.

-¡Tú!- grita.
Lucas se disculpa por teléfono y lo aparta ligeramente.
-¿Qué quieres?- responde molesto.
-Nosotras nos vamos, te dejamos solo. Si llama Danel, no sabes dónde estoy, ¿entendido?
-Que sí, que sí... véte.
-Yo también te quiero- dice, finalizando la corta conversación, y se dirige hacia la puerta.

Lucas las observa desde lejos. Observa cómo se colocan el casco y salen de la casa. Respira tranquilo y vuelve a responder al teléfono.

-Perdóname Danel, ¿qué decías?
-Que no sé qué hacer con tu hermana...
-Si no la quieres corta tío...no te ralles más. Es mi hermana, y tú eres mi mejor amigo. No quiero que os hagais daño.
-Lo sé, pero no sé que hacer, cómo decírselo después de casi un año a su lado.
-Pues piensa, pero no le des muchas vueltas más, a fin de cuentas... busques la manera que busques, dirás lo mismo.
-Tampoco estoy al cien por cien seguro Lucas...no sé, hoy por hoy no sé nada.
-Al menos sabes quién soy yo,¿no?
-¡Pues claro mamón!...¿Enrique?- responde, entre risas.
-Sí, ese mismo... bueno,te dejo, voy a seguir con la wii.
-Sí, yo voy a ver si duermo un rato o algo...¿nos llamamos más tarde?
-Supongo- contesta Lucas, finalizando la llamada.

martes, 31 de mayo de 2011

Quedate Conmigo - Presentación

He encontrado en un blog una historia muy bonita escrita por dos chicas de 17 años. Aquí os dejo la presentación, otro día empezaré a subir los capítulos:

Esta es la historia de Adara, una adolescente normal y corriente, como puedes serlo tú, que ahora mismo lees esto. La vida de Adara es perfecta, o eso cree ella. Ya que un día algo sucede. A raiz de eso la vida de la protagonista pega un giro de 360 grados, pero no solo su vida, sino también ella cambia completamente.

PREFACIO

A veces deseas que el tiempo vuele, estás tirado en el sofá, en la cama, intentando no pensar, esperando un nuevo día, un nuevo tiempo, en el que todo sea diferente, mejor, pero nunca nada es mejor, ese día no llega, y sabes que estás desperdiciando un tiempo hermoso, en el que podrías adelantar trabajos, ir de viaje, demostrar a tus seres queridos que estás ahí, que pueden contar contigo, o, simplemente podrías aprovecharlo para poner orden en tu vida. Eso es lo que necesitas, ordenar tus pensamientos, tus emociones. Pero todo eso es demasiado complicado. Tu vida está tan enredada, que te costaría demasiado tiempo deshacer ese nudo. Así que sigues ahí, sin hacer nada, dejándolo todo para luego y lamentándote por tu suerte. Ojalá todo fuese más sencillo.
Pero entonces, un día, todo cambia. Algo, sin que tú lo quieras, te transporta, te devuelve de golpe a la realidad, y ves que te equivocabas, que no hay tiempo, que no existe un luego. El final estaba más cerca de lo que pensabas.
El final de una relación, de un amor que considerabas irrompible.
El final de tu libertad.
El final de una vida.
La muerte.
Y entonces te sientes roto por dentro. Vas como un barco a la deriva, con la mirada perdida. Y quieres correr, salir corriendo. Dejar atrás todo lo que te hace daño, esa angustia que no te deja respirar, ese agujero en el pecho, que se hace más grande día a día y que hace de tu cuerpo, tu alma y tu corazón miles de pedazos imposibles de volver a juntar. Pero sólo puedes sentarte y llorar.
Y en realidad llorar es lo que has hecho siempre, no sabes hacer más, porque detrás de cada subida, de cada momento feliz, hay una bajada peor que las anteriores, que te hunde poco a poco en un pozo sin fondo. Un agujero negro que te traga.
Quieres romper cosas, acabar con todo. Pero lo que más deseas es volver tiempo atrás, aprovechar ese tiempo que perdiste en el sofá, hacer algo útil con él.
Y te quedas toda la vida esperando algo que nunca llega. Poniendo al mal tiempo buena cara. Porque es de héroes sonreír cuando el corazón llora. Te resignas a seguir hacia delante, sabiendo que nada volverá y agarrándote a cada resquicio de felicidad que quede en tu vida para poder sobrevivir.